Vicente Herrera Márquez
Hojas guardadas en archivos polvorientos.
Carillas escritas con signos de grafito.
Hijas de mi pluma soñadora e inquietudes,
que repletan anaqueles cargados de memorias.
Hoy quiero sacarlas de las celdas, prisioneras,
sacudirles la pátina y el polvo de los años,
y con la ayuda de técnicas modernas
lanzarlas, libres, que el viento se las lleve
a recorrer confines extremos y destierros.
Esperando, que antes que las letras se diluyan,
allá, lejos, en una playa de otra orilla
Marta dibuje alguna, con tinta, en su retina.
Y en otro lugar del mundo, talvez María,
atrape versos y los muestre en su pantalla,
o Malena lea estrofas y las recuerde sin querer.
Páginas que eran mías, al viento las arrojé.
Ahora él es el dueño y él sabe si vivirán.
Si se mecen en la brisa o las rompe un ventarrón.
Cuentos, poemas, crónicas, opiniones, pensamientos, divagaciones e inquietudes de un hijo de la patagonia; modelado, bien o mal, por el indómito y soberbio viento Kóshkil...
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jueves, enero 19, 2006
martes, enero 17, 2006
Pasos
Vicente Herrera Márquez
El día ha transcurrido lento, preñado de impaciencia,
Con un sol aletargado en su lánguido periplo del estío
Con horas y minutos que perturban mi conciencia
Mientras espero trastornado a la musa que me inspira.
Con nitidez, en el pasillo, escucho el sonido de sus pasos,
que dirigen la cadencia de su cuerpo hacia mi puerta.
Espero impaciente el chasquido de la llave en el cerrojo,
para correr a su encuentro y rodearla con mi abrazo.
Son muchas las horas, largas, de mis años que la espero.
Ya son tiempos que se marcan en los surcos de mi frente.
Son distancias que apagan el fragor de nuestros besos.
Son miles de páginas escritas que reclaman su regreso.
Sus pasos no se detienen en la entrada de mi estancia,
continúan, se apagan y se pierden en las gradas del silencio.
Y sigo escribiendo su ausencia, a la espera que mañana,
algún sendero extraviado la traiga de vuelta hasta mi ocaso.
El día ha transcurrido lento, preñado de impaciencia,
Con un sol aletargado en su lánguido periplo del estío
Con horas y minutos que perturban mi conciencia
Mientras espero trastornado a la musa que me inspira.
Con nitidez, en el pasillo, escucho el sonido de sus pasos,
que dirigen la cadencia de su cuerpo hacia mi puerta.
Espero impaciente el chasquido de la llave en el cerrojo,
para correr a su encuentro y rodearla con mi abrazo.
Son muchas las horas, largas, de mis años que la espero.
Ya son tiempos que se marcan en los surcos de mi frente.
Son distancias que apagan el fragor de nuestros besos.
Son miles de páginas escritas que reclaman su regreso.
Sus pasos no se detienen en la entrada de mi estancia,
continúan, se apagan y se pierden en las gradas del silencio.
Y sigo escribiendo su ausencia, a la espera que mañana,
algún sendero extraviado la traiga de vuelta hasta mi ocaso.
domingo, noviembre 13, 2005
Amortiempo
Vicente Herrera Márquez
Te quise en el soplo de tu aliento.
Te quise en la candidez de tu mirada
Te quise en los momentos de un abrazo.
Te quise cuando estabas, solo a un paso.
Me quisiste en las caricias de tus manos.
Me quisiste en la lectura de mis versos.
Me quisiste en los pasillos del encuentro.
Me quisiste en los senderos del ensueño.
Nos quisimos en la edad de la locura.
Nos quisimos en los tiempos sustraídos.
Nos quisimos de soslayo a las miradas.
Nos quisimos en él laberinto del engaño.
Te quiero a pesar del paso de los años.
Te quiero en la distancia meridiana.
Te quiero en mi sosiego con cordura.
Te quiero en los vaivanes de la vida.
Te quise, me quisiste y nos quisimos.
Nos quisimos en la carne y en el ser.Te quiero en el espacio del presente.
Te quise en el soplo de tu aliento.
Te quise en la candidez de tu mirada
Te quise en los momentos de un abrazo.
Te quise cuando estabas, solo a un paso.
Me quisiste en las caricias de tus manos.
Me quisiste en la lectura de mis versos.
Me quisiste en los pasillos del encuentro.
Me quisiste en los senderos del ensueño.
Nos quisimos en la edad de la locura.
Nos quisimos en los tiempos sustraídos.
Nos quisimos de soslayo a las miradas.
Nos quisimos en él laberinto del engaño.
Te quiero a pesar del paso de los años.
Te quiero en la distancia meridiana.
Te quiero en mi sosiego con cordura.
Te quiero en los vaivanes de la vida.
Te quise, me quisiste y nos quisimos.
Nos quisimos en la carne y en el ser.Te quiero en el espacio del presente.
¿Mañana te querré?
Eso... eso realmente no lo se.
Grabada en mi piel
Vicente Herrera Márquez
En los senderos del recuerdo, quedan huellas de tu andar.
Tu respirar cálido, todavía, alimenta la fuerza de mi aliento.
Los paisajes recorridos, añoran el candor de tu mirar.
Y en mis labios se siente como ayer, aún, el dulzor de tu panal.
Segundos, minutos; años, lustros; vienen, pasan y se van;
borran pasado, blanquean las sienes, no tienen piedad.
Otros ojos, otros besos, otros cuerpos me prodigan su calor;
pero por más que lo intentan, de aquí dentro, no te pueden arrancar.
Dejaste mi existencia marcada con el trino de tu nombre.
Mi piel la impregnaste, para siempre, con la esencia de tu olor.
Tus caricias aún las siento, como fuego, hoy grabadas en mi piel;
y tu voz como un murmullo, me arrulla en los momentos de dolor.
El tiempo se consume, inexorable, la vida se extingue y se corroe,
y van dejando en el camino un reguero de ilusiones, triunfos y fracasos.
Otros intereses reclaman, obligan y demandan, con fuerza, mi quehacer;
pero por más que lo exigen, de aquí dentro, no te pueden arrancar.
¿Estarás cerca? ¿Estarás lejos? ¿Habrá en tu vida, un minuto para mí?
No importa donde estés, no importa cómo, ni con quién;
ni tampoco interesa, si tu mente, o tus cuadernos guardan vestigios de mi amor.
Si importa que te quiera, que te lleve en mi equipaje y que seas mi fanal.
Me acuerdo de aquel tiempo, que a escondidas, le robamos segundos al reloj.
Cuando a pesar de lo imposible, con besos ajenos sellamos nuestro amor.
Y con lumbre que quitamos de otros fuegos, encendimos un infierno destructor.
¡Que horas! Aquellas que robamos en nuestro, ciego, arrebato de pasión.
Quisiera que en sueños tú me cuentes, compañera invisible de mi vida,
si en algún segundo has recordado, los versos, que hace un siglo te escribí.
Hoy en mi vieja carabela y al garete, libre de amarras, mi pluma es para ti,
porque aunque con fuerza lo intente, de aquí dentro no te puedo arrancar..
En los senderos del recuerdo, quedan huellas de tu andar.
Tu respirar cálido, todavía, alimenta la fuerza de mi aliento.
Los paisajes recorridos, añoran el candor de tu mirar.
Y en mis labios se siente como ayer, aún, el dulzor de tu panal.
Segundos, minutos; años, lustros; vienen, pasan y se van;
borran pasado, blanquean las sienes, no tienen piedad.
Otros ojos, otros besos, otros cuerpos me prodigan su calor;
pero por más que lo intentan, de aquí dentro, no te pueden arrancar.
Dejaste mi existencia marcada con el trino de tu nombre.
Mi piel la impregnaste, para siempre, con la esencia de tu olor.
Tus caricias aún las siento, como fuego, hoy grabadas en mi piel;
y tu voz como un murmullo, me arrulla en los momentos de dolor.
El tiempo se consume, inexorable, la vida se extingue y se corroe,
y van dejando en el camino un reguero de ilusiones, triunfos y fracasos.
Otros intereses reclaman, obligan y demandan, con fuerza, mi quehacer;
pero por más que lo exigen, de aquí dentro, no te pueden arrancar.
¿Estarás cerca? ¿Estarás lejos? ¿Habrá en tu vida, un minuto para mí?
No importa donde estés, no importa cómo, ni con quién;
ni tampoco interesa, si tu mente, o tus cuadernos guardan vestigios de mi amor.
Si importa que te quiera, que te lleve en mi equipaje y que seas mi fanal.
Me acuerdo de aquel tiempo, que a escondidas, le robamos segundos al reloj.
Cuando a pesar de lo imposible, con besos ajenos sellamos nuestro amor.
Y con lumbre que quitamos de otros fuegos, encendimos un infierno destructor.
¡Que horas! Aquellas que robamos en nuestro, ciego, arrebato de pasión.
Quisiera que en sueños tú me cuentes, compañera invisible de mi vida,
si en algún segundo has recordado, los versos, que hace un siglo te escribí.
Hoy en mi vieja carabela y al garete, libre de amarras, mi pluma es para ti,
porque aunque con fuerza lo intente, de aquí dentro no te puedo arrancar..
Mareas
Vicente Herrera Márquez
En la quietud de la tarde,
cuando comienza a oscurecer,
en el remanso de tus aguas,
soy un barco de papel,
que navega suavemente,
por los pliegues de tu piel.
Pero cuando la noche llega,
y la calma de tu cuerpo,
cual océano embravecido,
se comienza a encabritar,
en las crestas de tus olas
me transformo en un corcel.
Con el paso de las horas,
del ocaso hasta la aurora,
cubiertos por un manto sideral,
navegamos, zozobramos;
la tormenta, nos transporta
por corrientes de placer.
Cuando comienza la mañana,
da paso a la calma, el vendaval.
Los cuerpos fatigados,
complacidos se van a descansar,
esperando, nuevamente,
en la quietud de la tarde
ser un barco de papel,
y en la noche tormentosa
ser de nuevo tu corcel.
En la quietud de la tarde,
cuando comienza a oscurecer,
en el remanso de tus aguas,
soy un barco de papel,
que navega suavemente,
por los pliegues de tu piel.
Pero cuando la noche llega,
y la calma de tu cuerpo,
cual océano embravecido,
se comienza a encabritar,
en las crestas de tus olas
me transformo en un corcel.
Con el paso de las horas,
del ocaso hasta la aurora,
cubiertos por un manto sideral,
navegamos, zozobramos;
la tormenta, nos transporta
por corrientes de placer.
Cuando comienza la mañana,
da paso a la calma, el vendaval.
Los cuerpos fatigados,
complacidos se van a descansar,
esperando, nuevamente,
en la quietud de la tarde
ser un barco de papel,
y en la noche tormentosa
ser de nuevo tu corcel.
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