jueves, junio 05, 2014

Te pinto las horas



Vicente Herrera Márquez

Muchacha de la esquina del crepúsculo,
si tú quieres te doy un mundo,
te alcanzo la Luna,
y te traigo una estrella.

Te corono reina,
te visto de flores,
te escribo poemas,
y te regalo alegría.

Te dibujo caricias,
te lleno de besos,
te pinto las horas,
y mañana, te entrego otro día.

Pero… pero esta noche…
pero esta noche no me vendas tu piel.
Sólo quiero que me regales un poco de amor.

Van a encontrar



Vicente Herrera Márquez


Bajo mi atuendo de señor adusto,
pueden encontrar sorpresas que jamás pensaron
y verdades que siempre creyeron que eran mentiras.
Van a encontrar un niño que quiere jugar
Van a encontrar un joven lleno de ilusiones
Van a encontrar un hombre siempre enamorado.
Van a encontrar un juglar iluso que inventa romances.
Van a encontrar un caminante que a veces anda perdido.
Van a encontrar un defensor de causas justas encarceladas.
Van a encontrar un soñador que viaja en platillos voladores
y recorre mundos ignorados donde pernocta a menudo,
un navegante que no quiere escapar del submarino de Verne,
un pirata que navega los siete mares,
un Robinson abandonado en una isla olvidada,
un astronauta que busca su origen en el big bang,
un loco con claroscuros arrebatos de cordura,
un bailarín de tangos que nunca aprendió a bailar,
un payaso que usa corbata de lunes a viernes,
un arreador de nubes perdido en la cruz del sur,
          y van a encontrar un simple poeta, forjador de letras y sueños,
que con palabras mínimas, unos pocos verbos,
adjetivos que nacen del alma,
algunas comas y un par de puntos,
Ilusionado, le escribe al amor.

Letras al margen


              Vicente Herrera Márquez



            
            Voy a buscar por las curvas y accidentes del trayecto

y a la vuelta de las esquinas en que fui parte de una historia.

Hurgaré en la profundidad del pozo de olvidos y deshechos

e indagaré tras las puertas escondidas de los oscuros laberintos.

Traspasaré el margen que limita las acciones de la vida,

buscando las letras que dejé de lado por otras disfrazadas de ocasión.



Buscaré, buscaré hasta encontrar esas letras relegadas,

a la izquierda de los márgenes de cuadernos anteriores al teclado.

Allí están, encubiertas las semillas de esos versos que me faltan escribir,

allí, al margen de lo escrito en compromiso con cordura establecida.

Allí están,  donde escribimos  deseos escondidos y  arrebatos contenidos,

allí está todo, al margen de la página oficial y legal de nuestras vidas.

Allí están los olvidos que maldigo cuando me faltan letras para versos,

y allí están las palabras que pueden escribir mi gran poema de la vida.



Hoy al no tener un margen marcado en un cuaderno de papel,

mis locuras y arrebatos los anoto en hojas limitadas por pixeles

y las guardo en archivos virtuales que los llamo “Papeles  marginales”

para recurrir a ellos cuando me falten o comience a olvidarme las palabras.



Ahora sabiendo donde encontrar,  buscaré aquellas intenciones censuradas,

las traeré al teclado y la pantalla, para vestirlas con  nuevas formas y colores

y darles estructura de cuentos o poemas y hasta quizás me atreva a completar

ese libro que, poco a poco, estoy escribiendo y lo titulo “La historia de mi vida”

Por el camino de la sidra



            Vicente Herrera Márquez

               
              Cuando termina el verano van hincados, no van rezando,
              van cogiendo las manzanas,
              que zamarrearon del árbol soñando con buena sidra.

              Cuando comience el próximo  verano tú pasearas tu garbo
              por una playa de Guipúzcoa.

              No todas las manzanas serán sidra en paladar,
              El otoño corre y la selección avanza hacia el tiempo del lagar.

              En ese tiempo de cielo azul tu piel tentará al mar y al sol,

              La prensa otoñal espera para estrujar el zumo espirituoso de la fruta.

              mientras leerás poemas, tendida en arenas de Vizcaya.

              Y ya corren los mostos trazando  camino  hacia un remanso,

              Días después, altiva, enfrentarás las olas de Cantabria,

              el zumo va directo a fermentar en frio tonel de acero inoxidable,
              luego reposa… fermenta… madura… reposa…

              o te sumergirás desafiante en alguna playa  asturiana,

              Pasa el tiempo y el mosto termina madurando en madera de castaño.
              Ya sidra, en botellas, se impregna con burbujas espumantes.

              para luego aparecer montada en la cresta de una ola
             envuelta en la espuma del verano  
             en Mundaka, Rodilles, Somo, Merón o La Grande.

             Y cuando maduren las cerezas y nazcan los pichones,
             desde tu boca a la mía escanciaremos la sidra,
             que fermentó en el invierno esperando besos de estío.

             Y será en Asturias, en Cantabria en Vizcaya o en Guipúzcoa,
             en alguna playa escondida del largo norte de España,
             con sol de verano ardiente,  además de sidra y besos,
             y con mis palabras y las tuyas, a orillas del Cantábrico,
             si tú quieres, en la arena escribiremos  poesía.