sábado, mayo 13, 2006

Esquelas y pergaminos

Vicente Herrera Márquez

En esas noches de insomnio persistente.
Esas noches que duran horas extendidas,
coligadas con las sombras que se alargan.
Busco en los reglones del recuerdo,
las palabras aprendidas y olvidadas,
para unirlas en frases congruentes,
y estamparlas en mi libro de memorias.
Trato de romper el muro fortaleza,
armado con orgullo y ligado con olvido,
que protegen episodios del trayecto recorrido.
Liberarlos y traerlos al presente
sin importar si son verdades o mentiras.
Para dejarlos al criterio de la gente.
Para exponerlos al juicio verdadero,
de aquellos que me alaban con fervor;
de aquellos que critican mi quehacer;
de otros que quieren sentenciarme
y de muchos que odian mi actuación.
A mis años y caminos transitados,
no es bueno esconder y llevarse con la muerte
esquelas blancas grabadas con amor
u oscuros pergaminos rayados con dolor.
Mejor es traerlos a los tiempos del presente,
mostrarlos sin tapujos ni vergüenzas
y aceptar el desprecio o la lisonja,
según lo dictamine el juicio de la gente.

viernes, mayo 12, 2006

Ventanas ( Windows)

Vicente Herrera Márquez

Con sol, con lluvia o con viento;
con risa, con tristeza o llanto;
busco verte a través de tu ventana.
Aquella que cerraste de improviso,
escondiendo tras de ella tu mirada.
Ya no escribes en el vaho del cristal,
ni siquiera un saludo o despedida,
o una seña que indique donde estás.
Y espero impaciente como un niño,
que entreabras, siquiera, las persianas.

En las horas meridianas se diluye,
la luz del otoño en mi ventana.
Mi paciencia se retuerce escondida
entre las hojas que repleto con estrofas,
derramadas en el piso de mi cuarto,
esperando con ansias tu llamada.
La espera impaciente se evapora
y transforma en desierto la mañana,
dejando un sabor de incertidumbre
y un amargo de resaca en la garganta.

Son horas solamente en el reloj,
en cambio para el alma son segundos
que caen en cadena interminable,
laceran la conciencia y nublan la razón.
El cigarrillo que alarga la esperanza
se va consumiendo y apagando cual la luz.
Y yo pensando y reclamando ¿Qué pasó?
Ahora a esperar, impaciente hasta mañana,
que ojalá no se extinga la luz en todo el día
y de nuevo tus ojos, iluminen las ventanas.

miércoles, mayo 10, 2006

Vini-cultura

Vicente Herrera Márquez

Vino tinto de mi tierra,
que entras en mi garganta,
no importa si eres merlot,
carmenere o sauvignon.
Porque igual te siento savia
que penetra por mis venas
para llegar al corazón.
Va nublando la conciencia
y hace olvidar la razón.
Condiciones necesarias,
para sacar de su encierro
a la esquiva inspiración.

El poeta es el vino tinto

Vicente Herrera Márquez

El poeta no soy yo.
El poeta es el vino tinto,
que le da color a mi sangre,
y tiñe el papel con letras.
Con letras que quieren hablar,
que quizás no digan nada,
pero mucho quieren decir.
Quieren decir que estoy vivo.
Quieren decir que aun escribo.
También expresar emociones,
y decir perdón, lo siento.
Por el dolor que causé,
en aquellos que me quisieron
y por herir sentimientos
de quienes me están oyendo.
Quizás, sin saber, a veces,
y cuantas veces sabiendo
que penas estoy sembrando,
no quiero cambiar semillas,
que después voy cosechando.
Poco a poco voy entendiendo,
por que en mis horas largas
solo el poeta acompaña
mis tiempos de soledad...
El poeta es el vino tinto,
y también un amigo leal,
que no pregunta y entiende
lo que yo quiero expresar.

martes, mayo 09, 2006

Crisoles

Vicente Herrera Márquez

Eres yesca, llama, luz.
Eres brasa, eres calor.
Eres volcán a punto de estallar.

Acerca tu antorcha y dame el fuego,
que alumbre nuestro encuentro
y encienda los leños de este hogar.

Convirtamos la pasión en llamaradas.
Quememos los rastrojos que quedan en el alma,
como rémora de amores alejados.
Arrasemos con vestigios de pasados,
que aguijonean los momentos de recuerdo.
Hagamos que el fuego cicatrice las heridas,
que han quedado abiertas en el alma,
dejadas por tantos amores mal curados.
Heridas que los años mantienen siempre vivas,
a pesar de sellarlas con olvido.
Incendiemos nuestras viejas carabelas,
en los diques de puertos olvidados.
Avancemos por nuevos derroteros,
iluminados por llamas de pasión.
Anclemos nuestras naves en bahías abrigadas.
Descansemos en playas si resacas y de calma.
Hagamos que se combinen elementos,
ardan, se quemen y mantengan el calor,
que perdure en el tiempo y no permita
se enfríen ni se rompan los crisoles,
donde se fundan y se mezclen los aceros
que refuercen y resistan la estructura de este amor.