Vicente Herrera Márquez
Creía que a mi garganta tan clara en otros momentos,
para reclamar y gritar, se le había olvidado el sonido,
que ya no podía transformar un poco de pena en llanto
y no era capaz de expresar la angustia y el dolor del alma.
Pero hoy nuevamente de ella están brotando lamentos.
Creía que mis ojos mustios, que muchas veces lloraron,
no querían mostrar tristeza o ya no tenían lágrimas.
También llegué a creer que mis manos que hacían versos,
ya no eran aquellas de antes y habían olvidado hacerlo.
Y hoy sin darme cuenta estoy escribiendo y llorando.
Creía que el corazón se había vuelto, frío, insensible,
tan duro como una roca y como afilada daga cortante,
por acumular sueños muertos y desengaños vividos.
Hoy me sorprende sentirlo, porque reclama y se agita
y empieza a latir muy fuerte, cuando se acuerda de ti.
Sentía mis pies pesados, cansados, sin ganas de dar un paso,
como con miedo a pisar y dejar marcado algún rastro.
Pensaba que era el invierno y el tiempo de andar más lento,
no quería avanzar y esperaba que la distancia viniera a mi.
Ahora que te sienten lejos, quieren correr donde estés.
Pensaba que en solitario sería fácil volver a tramar historias
para que alguien las descifrara y supiera leer mi soledad.
Sí, aquella que presentiste y embriagaste con tu presencia.
¡Ay amor! ¡A pesar del poco tiempo, fue mucho lo que me diste!
Por eso, si queda por escribir historia, solo contigo lo haré.
¿Fue romance, capricho, juego, encantamiento o amor?
¿O quizás solo un encuentro de extraviadas soledades
que en un parador del tiempo, compartieron el mismo pan?
No importa lo que haya sido, no voy a dejar de amarte,
porque el tiempo que me queda… no alcanza para olvidarte.
Cuentos, poemas, crónicas, opiniones, pensamientos, divagaciones e inquietudes de un hijo de la patagonia; modelado, bien o mal, por el indómito y soberbio viento Kóshkil...
BUSCAR EN ESTE BLOG Y LA WEB
jueves, enero 25, 2007
Mi tiempo, mi cuaderno, mi voz...
Vicente Herrera Márquez
A ti, que varaste después de una tormenta
en los confines del mundo, del tiempo y el destino.
A ti, que siembras esperanzas en la estepa agreste
y desafías altiva los embates de la hostil soledad.
A ti, que leíste palabras escritas en arrugado papel,
esas que en botella de olvido y embriaguez ,
una noche de esperanza arrojé al mar virtual.
A ti, mujer que me tendiste tu par de manos blancas
y me arrebataste de un vórtice de viento y desamparo.
A ti, que aliviaste mi cansancio y me hiciste revivir,
haciendo renacer en mi abandono las ansias de escribir.
A ti, que fuiste ígneo fanal para mis ojos nublados,
cuando vagaba sin rumbo en la rosa de los vientos.
A ti, faro en lontananza que resistes los embates
de ponto embravecido y viento huracanado.
A ti, que me guiaste con el rayo luminoso de tus ojos,
y la llamada en susurro acariciante de tu voz.
A ti, por todo lo inmenso y bello que me diste
te ofrezco lo que soy y acepta también mi capital,
que no es mucho, es tan solo lo que la vida a mi me dio;
no lo guardo en ningún cofre ni en papeles de valor;
no es gran cosa, pero es tuyo y es todo lo que ves:
Es mi tiempo, de años ya vividos, mi hoy y días por venir.
Son mis ojos, mis oídos, mi olfato y mis caricias;
son mis palabras, mis silencios y el murmullo de mi voz;
son mis manos, mis brazos y mis hombros;
es mi cariño, es mi amor y un bagaje de poemas.
Es mi cuaderno en el que escribo versos con tu nombre.
Es mi verdad y mis mentiras, es mi realidad y sentimientos.
No es nada más que mi vida, eso es todo, y es todo para ti.
A ti, que varaste después de una tormenta
en los confines del mundo, del tiempo y el destino.
A ti, que siembras esperanzas en la estepa agreste
y desafías altiva los embates de la hostil soledad.
A ti, que leíste palabras escritas en arrugado papel,
esas que en botella de olvido y embriaguez ,
una noche de esperanza arrojé al mar virtual.
A ti, mujer que me tendiste tu par de manos blancas
y me arrebataste de un vórtice de viento y desamparo.
A ti, que aliviaste mi cansancio y me hiciste revivir,
haciendo renacer en mi abandono las ansias de escribir.
A ti, que fuiste ígneo fanal para mis ojos nublados,
cuando vagaba sin rumbo en la rosa de los vientos.
A ti, faro en lontananza que resistes los embates
de ponto embravecido y viento huracanado.
A ti, que me guiaste con el rayo luminoso de tus ojos,
y la llamada en susurro acariciante de tu voz.
A ti, por todo lo inmenso y bello que me diste
te ofrezco lo que soy y acepta también mi capital,
que no es mucho, es tan solo lo que la vida a mi me dio;
no lo guardo en ningún cofre ni en papeles de valor;
no es gran cosa, pero es tuyo y es todo lo que ves:
Es mi tiempo, de años ya vividos, mi hoy y días por venir.
Son mis ojos, mis oídos, mi olfato y mis caricias;
son mis palabras, mis silencios y el murmullo de mi voz;
son mis manos, mis brazos y mis hombros;
es mi cariño, es mi amor y un bagaje de poemas.
Es mi cuaderno en el que escribo versos con tu nombre.
Es mi verdad y mis mentiras, es mi realidad y sentimientos.
No es nada más que mi vida, eso es todo, y es todo para ti.
domingo, diciembre 17, 2006
Muchacha del viento
Vicente Herrera Márquez
Ven y abrázame muchacha del viento,
quiero sentirte esta noche en mi cama,
ven conmigo a espantar los fantasmas
que rondan mis horas oscuras, vacías.
Ven para amarnos muchacha del viento,
quítate esas ropas que inquietan miradas,
muéstrame desnuda tu piel y tu encanto
para grabar tu figura sensual en mi mente.
Ven estoy esperando muchacha del viento,
ven a estrujarme con fuerza en tus brazos,
y a darme en la boca tu aliento caliente
para espantar el frío que siento en el alma.
Ven con toda tu fuerza muchacha del viento,
para ti yo he guardado los bríos del tiempo,
da libertad a tus ansias y abandona el temor
y sin pudores naveguemos el mar del placer.
Ven en ráfagas tibias muchacha del viento,
deja que tu cuerpo sea la dúctil arcilla,
que mis manos modelen en forma exquisita
y como cuerdas al viento te hagan vibrar.
Ven dispuesta muchacha del viento,
a encender y quemar las sábanas blancas,
que con ese llamas y letras de amor
escribiré para siempre tu poema en mi piel.
Ven y abrázame muchacha del viento,
quiero sentirte esta noche en mi cama,
ven conmigo a espantar los fantasmas
que rondan mis horas oscuras, vacías.
Ven para amarnos muchacha del viento,
quítate esas ropas que inquietan miradas,
muéstrame desnuda tu piel y tu encanto
para grabar tu figura sensual en mi mente.
Ven estoy esperando muchacha del viento,
ven a estrujarme con fuerza en tus brazos,
y a darme en la boca tu aliento caliente
para espantar el frío que siento en el alma.
Ven con toda tu fuerza muchacha del viento,
para ti yo he guardado los bríos del tiempo,
da libertad a tus ansias y abandona el temor
y sin pudores naveguemos el mar del placer.
Ven en ráfagas tibias muchacha del viento,
deja que tu cuerpo sea la dúctil arcilla,
que mis manos modelen en forma exquisita
y como cuerdas al viento te hagan vibrar.
Ven dispuesta muchacha del viento,
a encender y quemar las sábanas blancas,
que con ese llamas y letras de amor
escribiré para siempre tu poema en mi piel.
Una rosa roja
Vicente Herrera Márquez
En el cuaderno el niño pintó una flor para mamá.
En el escritorio de la maestra había una flor.
En la vera del camino crecía una flor.
Y en las manos de un amante,
también había una flor.
Era una rosa roja.
En una flor de mi jardín puse todas las esperanzas.
Una por una, con cuidado, corté las espinas.
En sus pétalos escribí una canción
y le pedí al viento amigo
que la llevara hasta ti.
Era una rosa roja.
El viento con cariño la cobijó en sus ondas,
cuidando que no la marchitara el aire
y que, de la mañana, la fría brisa,
no escarchara las palabras
de la canción que escribí.
Era una rosa roja.
Tras una hoja, escondida quedó una espina,
la que hizo, sin querer, sangrar tu mano
y en tu corazón, dejo una herida,
que ojalá la puedan curar
otras rosas de mi jardín.
Era una rosa roja.
En el cuaderno el niño pintó una flor para mamá.
En el escritorio de la maestra había una flor.
En la vera del camino crecía una flor.
Y en las manos de un amante,
también había una flor.
Era una rosa roja.
En una flor de mi jardín puse todas las esperanzas.
Una por una, con cuidado, corté las espinas.
En sus pétalos escribí una canción
y le pedí al viento amigo
que la llevara hasta ti.
Era una rosa roja.
El viento con cariño la cobijó en sus ondas,
cuidando que no la marchitara el aire
y que, de la mañana, la fría brisa,
no escarchara las palabras
de la canción que escribí.
Era una rosa roja.
Tras una hoja, escondida quedó una espina,
la que hizo, sin querer, sangrar tu mano
y en tu corazón, dejo una herida,
que ojalá la puedan curar
otras rosas de mi jardín.
Era una rosa roja.
Vuelo de golondrina
Vicente Herrera Márquez
Golondrina lejana
que apareces de repente como un sueño
y así como apareces te diluyes.
Cuando tu vuelo se acerca a mi ventana,
extiendo mis brazos
para atrapar tus movimientos en el aire,
y cuando creo que te tengo,
te escurres como el agua entre mis manos.
Golondrina lejana
que vuelas por mi espacio en las mañanas
y como llegas te alejas por las tardes.
Por momentos te tengo solo a un paso,
cuando trato de tocar tus alas,
me esquivas y rauda eludes mi contacto.
Cuando trinas los poemas
que escribes en tus noches solitarias,
por momentos creo que te vienes a quedar.
Golondrina lejana
que te alejas a cada instante de mi lado,
dime antes que regreses
¿Qué ráfaga de viento te trajo a mi morada?
Dime avecilla etérea
si tan solo es un sueño y no quiero despertar,
o si eres real y es tu vuelo pasajero.
Pero si te vas y no regresas,
me duermo y cierro para siempre mi ventana.
Golondrina lejana
que apareces de repente como un sueño
y así como apareces te diluyes.
Cuando tu vuelo se acerca a mi ventana,
extiendo mis brazos
para atrapar tus movimientos en el aire,
y cuando creo que te tengo,
te escurres como el agua entre mis manos.
Golondrina lejana
que vuelas por mi espacio en las mañanas
y como llegas te alejas por las tardes.
Por momentos te tengo solo a un paso,
cuando trato de tocar tus alas,
me esquivas y rauda eludes mi contacto.
Cuando trinas los poemas
que escribes en tus noches solitarias,
por momentos creo que te vienes a quedar.
Golondrina lejana
que te alejas a cada instante de mi lado,
dime antes que regreses
¿Qué ráfaga de viento te trajo a mi morada?
Dime avecilla etérea
si tan solo es un sueño y no quiero despertar,
o si eres real y es tu vuelo pasajero.
Pero si te vas y no regresas,
me duermo y cierro para siempre mi ventana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)