Vicente Herrera Márquez
Andando, caminando caminos
trazados, de todos visibles
o huellas escondidas muy mías.
Andando cantando canciones,
que suenan en miles de bocas
o los versos que escribo por ti.
Andando viviendo vivencias,
de futuro incierto de un mundo real
o mi presente, de un amor irreal
Andando soñando quimeras,
amando inconsciente a un ser ideal
o nutriendo a mi ego mezquino.
Andando gritando consignas,
repetidas que fácil atraen adeptos
o proclamas que rompen esquemas.
Andando escribiendo tratados,
explicando la razón del ser
o sin pudor mintiendo verdades.
Andando palpando con piel,
de la envidia con saña, mordiscos
o caricias de manos sinceras.
Andando sintiendo presiones,
que me impulsan en loca carrera
o me aplastan sin tener piedad.
Andando corriendo este mundo,
buscando experiencia en senderos
o esperando una meta alcanzar,
andando y andando... se me fue la vida.
Cuentos, poemas, crónicas, opiniones, pensamientos, divagaciones e inquietudes de un hijo de la patagonia; modelado, bien o mal, por el indómito y soberbio viento Kóshkil...
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lunes, julio 31, 2006
domingo, julio 30, 2006
Cartardía
Vicente Herrera Márquez
Espero impaciente tu carta,
esa que rescribes con calma,
y además rebuscadas palabras
en los cien resquicios del día,
y mil otras, quizás hirientes,
en los pliegues de la noche.
Ya no estoy ni durmiendo,
cada noche es larga agonía,
que tan solo espera otro día.
Te ruego que envíes esa carta,
no esperes que hoy sea ayer
o que haya pasado mañana.
Puede que me equivoque
y lo que escribes tan lento,
sin pensar que yo me muero,
no sean rencor o reproches,
y tan solo te des el tiempo
para tenerme impaciente.
Mañana tarde, muy tarde,
el cartero encontró mi casa,
trajo un sobre con mi nombre.
No pude saber que escribiste,
momentos antes que llegara,
morí esperando esa carta.
Espero impaciente tu carta,
esa que rescribes con calma,
y además rebuscadas palabras
en los cien resquicios del día,
y mil otras, quizás hirientes,
en los pliegues de la noche.
Ya no estoy ni durmiendo,
cada noche es larga agonía,
que tan solo espera otro día.
Te ruego que envíes esa carta,
no esperes que hoy sea ayer
o que haya pasado mañana.
Puede que me equivoque
y lo que escribes tan lento,
sin pensar que yo me muero,
no sean rencor o reproches,
y tan solo te des el tiempo
para tenerme impaciente.
Mañana tarde, muy tarde,
el cartero encontró mi casa,
trajo un sobre con mi nombre.
No pude saber que escribiste,
momentos antes que llegara,
morí esperando esa carta.
martes, julio 11, 2006
¿Será el invierno?
Vicente Herrera Márquez
La luz esta más difusa,
hay grises en los paisajes.
Veo contornos mimetizados
y solo figuras que juegan
a esconderse de mis retinas.
No hay perfume en el aire,
las flores están marchitas.
Se fue el olor de azucenas
y el aroma de las lavandas
se pierde en la inmensidad.
No siento el gusto del vino;
la miel hoy no sabe a néctar;
ácido es el mate amargo;
salobre el agua del pozo
y amargo el sabor del pan
No oigo el piar de pichones,
ni el paso del viento ulular.
Esta silente el canto del gallo.
No se escucha ningún grillo,
tampoco campanas al despertar.
Mis manos están heladas.
Los dedos torpes no sienten
ni siquiera frio o calor,
ni palpan por mas que buscan
la suavidad de tu piel.
Siento pesado el camino,
me cuesta mucho avanzar.
Los hitos se ven distantes,
las referencias se esconden
y no las puedo encontrar.
¿Qué me estará pasando?
¿Será una jugada del destino?
¿Será el cansancio de la jornada?
¿Será que se acaba el camino?
¿O acaso, será el invierno?
La luz esta más difusa,
hay grises en los paisajes.
Veo contornos mimetizados
y solo figuras que juegan
a esconderse de mis retinas.
No hay perfume en el aire,
las flores están marchitas.
Se fue el olor de azucenas
y el aroma de las lavandas
se pierde en la inmensidad.
No siento el gusto del vino;
la miel hoy no sabe a néctar;
ácido es el mate amargo;
salobre el agua del pozo
y amargo el sabor del pan
No oigo el piar de pichones,
ni el paso del viento ulular.
Esta silente el canto del gallo.
No se escucha ningún grillo,
tampoco campanas al despertar.
Mis manos están heladas.
Los dedos torpes no sienten
ni siquiera frio o calor,
ni palpan por mas que buscan
la suavidad de tu piel.
Siento pesado el camino,
me cuesta mucho avanzar.
Los hitos se ven distantes,
las referencias se esconden
y no las puedo encontrar.
¿Qué me estará pasando?
¿Será una jugada del destino?
¿Será el cansancio de la jornada?
¿Será que se acaba el camino?
¿O acaso, será el invierno?
Adios Patagonia
Vicente Herrera Márquez
Quería con ansias volver,
para cambiar los durmientes
a la vieja vía del tren.
Para barrer nieve y años
de la tumba de mis padres.
Para recordar los maestros
Que me dieron las palabras.
Para soplar los molinos
con mas fuerza que el kóshkil.
Para comer las grosellas
del huerto de los Leuquén.
Y para tapizar con flores
el jardín de una mujer.
Patagonia, tierra añorada,
quise volver a abrazarte,
pensando que me querías.
De tus brazos me fui imberbe
sin disfrutar tu amor,
creí que querrías ser mía,
por eso busqué venir.
Ilusa vanidad, me equivoqué.
Y aquí estoy solo sin rumbo
en un cruce de la pampa,
ignorado hasta por la brisa
que fue compinche de antaño,
la que llevaba mis cartas
por el hilo del volantín.
Aquí estoy a merced del viento,
igual que el pasto del campo,
con una gran diferencia,
el coirón esta firme, arraigado,
yo soy una brizna en el aire,
que nunca ha echado raíz.
Vine, estuve, te vi y me voy,
en ti ya no quiero morir.
Adiós Patagonia, adiós.
Quería con ansias volver,
para cambiar los durmientes
a la vieja vía del tren.
Para barrer nieve y años
de la tumba de mis padres.
Para recordar los maestros
Que me dieron las palabras.
Para soplar los molinos
con mas fuerza que el kóshkil.
Para comer las grosellas
del huerto de los Leuquén.
Y para tapizar con flores
el jardín de una mujer.
Patagonia, tierra añorada,
quise volver a abrazarte,
pensando que me querías.
De tus brazos me fui imberbe
sin disfrutar tu amor,
creí que querrías ser mía,
por eso busqué venir.
Ilusa vanidad, me equivoqué.
Y aquí estoy solo sin rumbo
en un cruce de la pampa,
ignorado hasta por la brisa
que fue compinche de antaño,
la que llevaba mis cartas
por el hilo del volantín.
Aquí estoy a merced del viento,
igual que el pasto del campo,
con una gran diferencia,
el coirón esta firme, arraigado,
yo soy una brizna en el aire,
que nunca ha echado raíz.
Vine, estuve, te vi y me voy,
en ti ya no quiero morir.
Adiós Patagonia, adiós.
Rieles
Vicente Herrera Márquez
Amigos de antaño, pequeños ilusos,
en mi viaje los revivo y los recuerdo.
Bandada de purretes, hermanos del viento,
entre flores de cardo y espinas de calafate.
Trepando fardos de lana, soñando horizontes,
jugando en los patios de la estación.
Recuerdo que un día con calor de enero,
ayudando a ovejeros a embarcar animales,
nacieron las ansias de querer viajar.
Con cien remolinos de polvo en el aire,
agitando un pañuelo y un beso a María,
como las ovejas, en tren, me fui por los rieles,
a beber distancias y andar esperanzas,
a sembrar letras e hilar palabras,
para que los años las pongan en versos.
Los tiempos pasaron, los trenes se fueron.
Transpiré caminos, derramé semillas.
La herrumbre implacable corroyó el acero.
Caminé las sendas que anduvo Neruda.
La nieve y la escarcha degradaron durmientes.
Coseché amor y amistad, prolongué mi apellido.
Pagué con cariño, amargura y olvido también...
Andenes y estaciones se los llevó el viento.
Extinguí mi fuego con cuerpos candentes.
La sierpe de acero agoniza en las pampas.
Amigos de antaño, románticos viejos,
de cerviz doblada desafiando al viento.
Después de beber el zumo de todas las vides
y libar el néctar de muchas Marías
busco en la maraña de rutas del mundo
la vía de hierro que, al pago, me lleve otra vez..
Con mi valija repleta de puros poemas, y
las manos abiertas, gastadas, vacías,
por la misma senda brillante de acero,
un día, cualquiera, a Las Heras quisiera volver.
Y con calor de enero o lluvia de abril,
en un andén remozado, abrazar a René,
a Vicente, al Caco, a la Lyla, y al turco Chaín.
También en un patio de la vieja estación,
festejar con asado al palo y vino en porrón.
Y que estén con nosotros los niños de hoy,
agitando pañuelos, saludando la vuelta del tren.
Amigos de antaño, pequeños ilusos,
en mi viaje los revivo y los recuerdo.
Bandada de purretes, hermanos del viento,
entre flores de cardo y espinas de calafate.
Trepando fardos de lana, soñando horizontes,
jugando en los patios de la estación.
Recuerdo que un día con calor de enero,
ayudando a ovejeros a embarcar animales,
nacieron las ansias de querer viajar.
Con cien remolinos de polvo en el aire,
agitando un pañuelo y un beso a María,
como las ovejas, en tren, me fui por los rieles,
a beber distancias y andar esperanzas,
a sembrar letras e hilar palabras,
para que los años las pongan en versos.
Los tiempos pasaron, los trenes se fueron.
Transpiré caminos, derramé semillas.
La herrumbre implacable corroyó el acero.
Caminé las sendas que anduvo Neruda.
La nieve y la escarcha degradaron durmientes.
Coseché amor y amistad, prolongué mi apellido.
Pagué con cariño, amargura y olvido también...
Andenes y estaciones se los llevó el viento.
Extinguí mi fuego con cuerpos candentes.
La sierpe de acero agoniza en las pampas.
Amigos de antaño, románticos viejos,
de cerviz doblada desafiando al viento.
Después de beber el zumo de todas las vides
y libar el néctar de muchas Marías
busco en la maraña de rutas del mundo
la vía de hierro que, al pago, me lleve otra vez..
Con mi valija repleta de puros poemas, y
las manos abiertas, gastadas, vacías,
por la misma senda brillante de acero,
un día, cualquiera, a Las Heras quisiera volver.
Y con calor de enero o lluvia de abril,
en un andén remozado, abrazar a René,
a Vicente, al Caco, a la Lyla, y al turco Chaín.
También en un patio de la vieja estación,
festejar con asado al palo y vino en porrón.
Y que estén con nosotros los niños de hoy,
agitando pañuelos, saludando la vuelta del tren.
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