sábado, julio 28, 2012

El hipocampo y la medusa

Vicente Herrera Márquez


-Ven, ven a vivir en mi mar de encanto y de locura,
ven a gustar el dulce sabor de las uvas de mi viña
y a libar el mosto que fluye del lagar –

-No puedo me detienen intereses en mi playa,
mas quisiera, de tu mar hacer mi mar
y embriagarme con el sumo de tus uvas –

-Ven, ven te espero con ansias y con hambre,
ansias de sentir y quemarme en tu calor y tu mirada
y hambre del manjar de  tus labios y tu piel –

-No puedo, estoy atada con hilos de cordura
y me detienen las letras de un papel,
que dicen que me debo a una promesa de mi ayer –

-Ven, antes que el invierno haga presa de mi mar,
mate y cristalice los espermios aún vigentes,
que  esperan un óvulo con ansias de engendrar –

- No puedo, no puedo pero pasa el tiempo y quiero,
quiero olvidarme de palabras viejas y caducas,
dichas en tiempos de deseos y locura juvenil –

-Ven, ven antes que venga una sirena o una red,
una sirena que me atrape en sus encantos
o una red que me arrastre a una lata de sardinas –

-No puedo, pero tu mar me llama y me atrae como imán,
se hace nueva en mi piel esa locura vieja del ayer
y quiero montarme en una ola que venza tempestades,
que con su fuerza rompa los cabos que me atan a este puerto
y dejarme llevar por las corrientes que buscan tu confín –

-Ven, ven,
la puerta de mi casa esta entreabierta,
mi mesa esta servida, mi cama esta dispuesta.
Mi tiempo está esperando,
y mi cuerpo está impaciente.
Mi historia requiere tu presencia
para escribir en la página guardada,
con el nombre de la musa que inspirará
los últimos versos de mi vida –

-Voy, sí, voy, espérame.
Sirve el espumante y el caviar;
calienta la cama y enciende la luz;
que se alisten  tus espermios;
y prepara la pluma,  yo llevo el cuaderno,
para que escribamos el romance
del hipocampo y la medusa –

©Derechos Reservados.

Chocolate caliente

Vicente Herrera Márquez


Amor escucha, quiero que hoy nos encontremos,
mañana será muy tarde, pasado mañana seré muy viejo.
Estarán marchitas las rosas y estará empezando  mi otoño largo.

Hoy siento frío en el aire.

La esquina blanca y achatada del viejo bar del encuentro
ya no estará, será una torre gris, tan alta y disonante como Babel.
Caminarán apresurados los pasos y serán indiferentes las miradas.

Hoy tengo frío en el cuerpo.

Por eso, espérame en el metro a las ocho, en la estación Apumanque,
en el mismo lugar del andén que nos presentó aquel otoño lejano.
Compremos rosas y vino, llévame a tu casa y abrígame en tu cama.

Hoy mi piel necesita tu calor.

Dame calor en mi otoño y con tu risa  rejuvenece mis años,
dame tu aliento en un beso con la pasión de la primera noche
y con el sudor de tú cuerpo humedece mi piel marchita.
Dame caricias con manos inquietas que revivan mi cuerpo mustio,
Dame las palabras que mis oídos no oyen o han olvidado.
Dame tu silueta desnuda para que mi memoria cansada de calles grises
se ilumine en el recuerdo de la mirada de mis ojos jóvenes.
Dame tus volúmenes sinuosos para que formen tu pecho en mis manos.
Dame tus montes y valles frontales y el desierto que arde en tu espalda.
Dame la estrechez de tu cintura y la tentadora plenitud de tus caderas.
Dame la extensión de tus piernas que evocan caminos y remansos.
Dame tu sexo excitado para que me  queme como volcán ardiente.
Dame tu pasión exuberante y rompe las amarras que me oprimen.
Dame el temblor ondulante, el olor y el sabor de tu libido galopante,
que corre por tus arterias, tu cama, los pasillos de la casa y los caminos andados.
Dame, estoy esperando, también quiero darte todo lo que me queda y tú quieres
y tiene que ser hoy martes, por que el jueves, como antes dije,  ya estaré muy viejo.
Dame, quiero gozar, sentir, sentirte y perder la razón en tu racimo de orgasmos,
olvidarme del tiempo  de ayer, del incierto mañana y sumergirme en el ahora.
Dame sosiego esta noche, dame calor en caricias y una última ración de tu aliento.
Para espantar el frio del alma quememos nuestra pasión en el fuego del infierno,
y el miércoles, para matar el frío del invierno, dame chocolate caliente por la mañana.

©Derechos Reservados.

viernes, julio 27, 2012

Cazuela de versos

Vicente Herrera Márquez


Cuantas veces me ha pasado que estoy haciendo el almuerzo
y de repente se me ocurren palabras que suenan a verso.
Como ya mi memoria olvida y las musas están escasas
no puedo dejar que se pierdan y quiero correr al teclado,
para que las pérfidas no se ahoguen en el caldo de la cazuela.
Como el apetito es urgente me olvido que la memoria es frágil,
pero… puede que sea el mejor poema que pueda yo escribir
y sin pensar en arroz o en fideos corro al computador.
Escribo y sigo escribiendo, por que las palabras traen palabras
y la sintaxis del verso me lleva por otros caminos,
caminos ya recorridos que dejaron almuerzos mal digeridos
o algún caminito angosto que le dejo al paladar un postre por repetir.
En el éxtasis del verso me olvido de almuerzo y cazuela
y sigo haciendo ensalada de letras con aderezo de besos idos…

De repente un olorcillo a quemado saca al poeta del trance
y me doy cuenta que el almuerzo se transformo en humo y rescoldo.
Ahora el estómago tendrá que conformarse  con un par de huevos fritos,
un poco de pan de ayer, una copa de vino tinto y una taza de café
pero quedo contento, porque en estos tiempos de olvido y ausencias
logré preparar un menú de letras y darle sentido de verso.
Con eso ya completé el día, y aún con apetito me doy por satisfecho.


©Derechos Reservados.

Aunque la llamen loca

Vicente Herrera Márquez


No soy caballero del medioevo
ni heredo estirpe alguna.
Tampoco soy el señor de la comarca
ni poseo títulos o prebendas,
para arrogarme el derecho  
de hablar mal de mis mujeres.
Pues, los blasones que me cubren
sólo son versos que saben acariciar.
Y si alguna, aunque la nombren mala,
llegara a hablar algo en contra de mi
o publicara mis verdades escondidas,
no serán mis letras las que la agravien,
la ignoren, la manchen o le llamen loca.
Ocupó un lugar en mi espacio
y siempre será dueña de ese lugar,
nunca tendrá mis reproches
ni imaginado,  la alcanzara mi olvido.
Porque los rincones de la memoria,
aunque tratara de borrarlos,
siempre tendrán el nombre
de la que alguna vez lo ocupó.
Yo no digo que he tenido  mujeres,
sería pretender ser dueño y señor,
y nadie es dueño de nadie.

Sí, digo que en todas mis andanzas
siempre me han acompañado  mujeres,
que me ayudaron en las dificultades,
me afirmaron en la debilidad,
me tendieron una mano cuando caí,
me acariciaron en el descanso diario,
fueron amantes en la noche larga
y con mas de alguna de ellas discutí.
Pero nunca les levanté una mano
ni mi voz destemplada vociferó en insulto.
Y la que podría tildar de loca
en su locura a mi lado hizo camino,
fue fanal y rumbo en mi noche incierta,
fue cómplice, pasión y compromiso.
Fue la que más me amó y yo, loco, también amé.

©Derechos Reservados.

Aún vive y escribe el poeta

Vicente Herrera Márquez


Viejo y triste, sólo con su teclado, está el poeta,
sigue soñando quimeras y recordando tiempo pasado.
En la penumbra del cuarto imagina siluetas distantes,
y  en el frío del otoño añora veranos calientes.
Sus dedos acarician el viejo molde de letras
buscando palabras nuevas entre las teclas inertes,
buscando encontrar entre los signos de interrogación
algún poema perdido que nunca salió a la luz,
porque eran letras sencillas o de mínima  importancia
y le dio vergüenza que aparezcan en reglones de multitud.
Tal vez eran letras de alegría,  de enojo, de simple verborrea
o fueron  versos de nostalgia sazonadas con sal de desamor,
porque la musa fue indiferente o encontró un mejor querer.
Sí, solo en un rincón de la vida, todavía vive el poeta.
Aún su voz gesticula palabras lindas y también hirientes exabruptos.
Sus falanges pueden escribir te quiero, te quise y ya no te quiero.
La tinta de su impresora se mantiene líquida como su sangre
y aún puede derramarse en papel dibujando notas de amor.
Sus ojos, aunque con mucho aumento, pueden ver la luz de hoy
y su mente es más clara que la de muchos con menos años,
con más títulos, más honores o una hilera de estrellas
u  otros que con prebendas y con votos comprados detentan poder.
Quizás un poco torpe para caminar y cruzar la calle,
sensible al frío, al calor y a todo lo que produzca alergia.
Con la plata justa para pagar arriendo, el agua, la luz, internet y sildenafil.
Por fortuna hace ya tiempo olvidó el tabaco y marihuana nunca fumó.
Pobre de bienes, escaso de wisky y sin manjares mundanos está el poeta,
pero que importa si con pan, vino tinto, un poco de abrigo y alguna caricia
aún puede estrujar el abecedario y escribirle a la vida y al amor.

©Derechos Reservados.