Vicente Herrera Márquez
Hay semanas que duran meses,
otras se van volando.
Algunas son caminos de barro,
en otras calienta el sol.
Hay semanas llenas de juventud,
pero hay otras de pies cansados.
De repente llega un lunes
que se llena de proyectos,
el martes son proyectos truncos
cubiertos por derrumbes.
Un viernes de buenos deseos,
es un sábado de esperanzas
que termina en domingo de soledad.
Martes proyectando viajes,
que el jueves ya son boletos
que perdieron el avión.
Los miércoles es un balance
¿que no se hizo? ¿que falta por hacer?
Si lo pasado fue negro,
el color de lo que viene
es muy fácil de adivinar.
No es posible ser optimista
si cada semana que pasa
promete, promete y promete,
al final se trunca y todo sigue igual.
Cuentos, poemas, crónicas, opiniones, pensamientos, divagaciones e inquietudes de un hijo de la patagonia; modelado, bien o mal, por el indómito y soberbio viento Kóshkil...
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domingo, diciembre 17, 2006
Los poetas no mueren por amor
Vicente Herrera Márquez
Si quieres matar un poeta,
la verdad que es imposible,
son como mala hierba
y tienen más vidas que un gato.
Si clavas una daga en su pecho
es probable que renazca
y se multiplique por cien.
Si le das a beber veneno
es seguro que pedirá otra copa,
para seguir escribiendo
y para ir matando la sed.
Si le disparas balas de plata
justo en el centro del corazón,
te contará la noche entera
sus romances de juventud.
Si le muestras un desdén,
seguro que se hará el muerto,
pero cuando tu no lo veas
a otros ojos escribirá versos.
Cuando sientas que no respira,
acércate muy despacio,
humedece sus labios con vino,
acerca tu boca a su boca
y con pasión te besará.
Nunca te sientas culpable
si dice que por ti agoniza,
es mentira, no le creas,
tan solo te quiere engañar
usando una antigua treta.
Por amor nace el poeta…
amando renace mil veces…
pero es mentira, no crean,
que se mata por amor.
Si un día con certeza muere
es por que así lo quiso él,
y nadie, nadie tiene la culpa
de que se muera un poeta.
Nunca hagas caso, es mentira,
si oyes o alguien te dice
que un poeta se esta muriendo…
y se esta muriendo de amor…
Si quieres matar un poeta,
la verdad que es imposible,
son como mala hierba
y tienen más vidas que un gato.
Si clavas una daga en su pecho
es probable que renazca
y se multiplique por cien.
Si le das a beber veneno
es seguro que pedirá otra copa,
para seguir escribiendo
y para ir matando la sed.
Si le disparas balas de plata
justo en el centro del corazón,
te contará la noche entera
sus romances de juventud.
Si le muestras un desdén,
seguro que se hará el muerto,
pero cuando tu no lo veas
a otros ojos escribirá versos.
Cuando sientas que no respira,
acércate muy despacio,
humedece sus labios con vino,
acerca tu boca a su boca
y con pasión te besará.
Nunca te sientas culpable
si dice que por ti agoniza,
es mentira, no le creas,
tan solo te quiere engañar
usando una antigua treta.
Por amor nace el poeta…
amando renace mil veces…
pero es mentira, no crean,
que se mata por amor.
Si un día con certeza muere
es por que así lo quiso él,
y nadie, nadie tiene la culpa
de que se muera un poeta.
Nunca hagas caso, es mentira,
si oyes o alguien te dice
que un poeta se esta muriendo…
y se esta muriendo de amor…
Sueños y alcohol
Vicente Herrera Márquez
Soñé un campo de trigo,
extenso jugando al viento,
dorado, brillante, pleno
de espigas llenas de vida.
Soñé una voz insinuante
que cantaba sonetos de amor.
Soñé una piel cubierta con seda
que esperaba manos ansiosas.
Soñé una mente abierta
con ansias de compartir.
Soñé unos ojos semientornados
que ocultaban su color,
disfrazados con nostalgias,
anhelantes, esperando amor.
Soñé unos labios hermosos,
borrosos en mi visión,
ofreciendo fruto de un beso
y sedientos de pasión.
Soñé un rostro difuso,
entre el sueño y el alcohol
y aún así me atrapó el encanto
de una armonía sutil.
soñé una sonrisa encendida,
escuché un susurro apagado...
se me borraba la imagen,
con los vapores del vino
y los ríos, de mis pupilas.
Soñé un torrente vibrante,
con ansias de seducción,
que me regaló por instantes
esperanzas de una ilusión.
Aún soñando desperté del sueño,
embrujado por tus ojos,
cautivado por tus labios,
aprisionado en tus brazos
y enredado en tu trigal.
Soñé un campo de trigo,
extenso jugando al viento,
dorado, brillante, pleno
de espigas llenas de vida.
Soñé una voz insinuante
que cantaba sonetos de amor.
Soñé una piel cubierta con seda
que esperaba manos ansiosas.
Soñé una mente abierta
con ansias de compartir.
Soñé unos ojos semientornados
que ocultaban su color,
disfrazados con nostalgias,
anhelantes, esperando amor.
Soñé unos labios hermosos,
borrosos en mi visión,
ofreciendo fruto de un beso
y sedientos de pasión.
Soñé un rostro difuso,
entre el sueño y el alcohol
y aún así me atrapó el encanto
de una armonía sutil.
soñé una sonrisa encendida,
escuché un susurro apagado...
se me borraba la imagen,
con los vapores del vino
y los ríos, de mis pupilas.
Soñé un torrente vibrante,
con ansias de seducción,
que me regaló por instantes
esperanzas de una ilusión.
Aún soñando desperté del sueño,
embrujado por tus ojos,
cautivado por tus labios,
aprisionado en tus brazos
y enredado en tu trigal.
¿Saben quien es?
Vicente Herrera Márquez
¿Ven aquella mujer que va por la plaza,
caminando entre palomas,
la que va saludando y sonriendo,
esa que ofreciendo su mano acaricia a un anciano?
¿Saben quien es? ¡Es mi mujer!
¿Observan la mujer que cruza la calle,
como la miran y admiran,
y como todos se detienen al verla pasar?
¡Si es tan hermosa! ¡Es tan preciosa! ¡Es una diosa!
¿Quién es la bella? ¿Quien otra? ¡Mi mujer!
¿Sienten un aroma distinto
de almizcle, ámbar y flores,
que deja una estela intrigante,
cuando pasa inocente, caminando entre toda la gente?
¿Quién puede ser? ¡Pues, mi mujer!
¿Oyen una voz melodiosa,
que sobresale del ruido mundano
y que entona canciones alegres
cuando todos avanzan tristes, serios y enojados?
¿Quién es la que canta? ¡Es mi mujer!
¿Saben de una mujer hermosa
que en las tardes de calor sofocante,
muestra transparente y lozana con sano pudor,
a los hombres, su juventud y encanto?
No puede ser otra, ¡Es mi mujer!
¿Conocen una mujer valiente
que enfrenta la vida luchando,
mostrando la cara y sus manos francas,
sorteando fatuos espejismos y venciendo tormentas?
¿Quién puede ser? ¡Sólo mi mujer!
Yo quiero con ella avanzar,
en el cruce de calle, orgulloso.
En el trance de enfrentar la vida,
y en la plaza derramando bondad y amistad.
Pero no puede ser ¿Y saben porqué?
¡Cuanto yo quisiera! Pero no es mi mujer.
¿Ven aquella mujer que va por la plaza,
caminando entre palomas,
la que va saludando y sonriendo,
esa que ofreciendo su mano acaricia a un anciano?
¿Saben quien es? ¡Es mi mujer!
¿Observan la mujer que cruza la calle,
como la miran y admiran,
y como todos se detienen al verla pasar?
¡Si es tan hermosa! ¡Es tan preciosa! ¡Es una diosa!
¿Quién es la bella? ¿Quien otra? ¡Mi mujer!
¿Sienten un aroma distinto
de almizcle, ámbar y flores,
que deja una estela intrigante,
cuando pasa inocente, caminando entre toda la gente?
¿Quién puede ser? ¡Pues, mi mujer!
¿Oyen una voz melodiosa,
que sobresale del ruido mundano
y que entona canciones alegres
cuando todos avanzan tristes, serios y enojados?
¿Quién es la que canta? ¡Es mi mujer!
¿Saben de una mujer hermosa
que en las tardes de calor sofocante,
muestra transparente y lozana con sano pudor,
a los hombres, su juventud y encanto?
No puede ser otra, ¡Es mi mujer!
¿Conocen una mujer valiente
que enfrenta la vida luchando,
mostrando la cara y sus manos francas,
sorteando fatuos espejismos y venciendo tormentas?
¿Quién puede ser? ¡Sólo mi mujer!
Yo quiero con ella avanzar,
en el cruce de calle, orgulloso.
En el trance de enfrentar la vida,
y en la plaza derramando bondad y amistad.
Pero no puede ser ¿Y saben porqué?
¡Cuanto yo quisiera! Pero no es mi mujer.
¿Te acuerdas papito?
Vicente Herrera Márquez
Hay una querencia que llevo en el alma,
hay un pueblo de tierra y de viento,
es una comarca con brisas de infancia,
es un destino con tormentas de amor.
Es un lugar que en noches de llanto
le enrostré gritando con rabia y dolor,
el nombre de pueblo maldito,
olvidando que si algo yo soy
me lo dio sin cobrar ese pueblo bendito.
Es un pueblo lejano donde hay amor,
es el regazo con teta de madre,
es el pan con sudor en frente de padre,
es la letra de maestros señeros
y es el consejo de viejos ya muertos.
Es el sabañón arraigado en la oreja,
y es el piche asado en el horno
en los días que faltaba el trabajo.
En las noches de invierno era cristal
dibujado en ventanas de escarcha,
era el soplar ululante del viento,
y era rastro marcado en la nieve
buscando leña para entibiar el invierno.
¿Te acuerdas papito? los días felices,
que aunque poco, pero había pan,
cuando yo aún siendo un niño,
tú, sin vergüenza, me pedías cigarros
y me decías que yo no debiera fumar,
y también me decías con ceño fruncido
no llores nunca por una mujer;
¡Y cuantas noches, por mi madre muerta,
encendiendo una vela te vi llorar!
Hoy acá varado en distancias lejanas,
muy lejos del pueblo te puedo contar:
hace tiempo, ya mucho, dejé de fumar,
hoy escribo y es posible que pueda dejar de escribir,
pero no puedo evitar, el llorar por una mujer.
Hay una querencia que llevo en el alma,
hay un pueblo de tierra y de viento,
es una comarca con brisas de infancia,
es un destino con tormentas de amor.
Es un lugar que en noches de llanto
le enrostré gritando con rabia y dolor,
el nombre de pueblo maldito,
olvidando que si algo yo soy
me lo dio sin cobrar ese pueblo bendito.
Es un pueblo lejano donde hay amor,
es el regazo con teta de madre,
es el pan con sudor en frente de padre,
es la letra de maestros señeros
y es el consejo de viejos ya muertos.
Es el sabañón arraigado en la oreja,
y es el piche asado en el horno
en los días que faltaba el trabajo.
En las noches de invierno era cristal
dibujado en ventanas de escarcha,
era el soplar ululante del viento,
y era rastro marcado en la nieve
buscando leña para entibiar el invierno.
¿Te acuerdas papito? los días felices,
que aunque poco, pero había pan,
cuando yo aún siendo un niño,
tú, sin vergüenza, me pedías cigarros
y me decías que yo no debiera fumar,
y también me decías con ceño fruncido
no llores nunca por una mujer;
¡Y cuantas noches, por mi madre muerta,
encendiendo una vela te vi llorar!
Hoy acá varado en distancias lejanas,
muy lejos del pueblo te puedo contar:
hace tiempo, ya mucho, dejé de fumar,
hoy escribo y es posible que pueda dejar de escribir,
pero no puedo evitar, el llorar por una mujer.
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